Sanamos cuando permitimos que aquello que quedó congelado, olvidado o excluido en el tiempo
pueda ser sentido hoy, en un espacio más amplio de conciencia.
El pasado no desaparece ni cambia.
Vive en el cuerpo, en las emociones y en las respuestas que se activan sin que lo elijamos.
Pero cuando podemos relacionarnos con lo que pasó desde otro lugar interno,
con presencia, sin rechazo, sin forzar, sin corregir,
algo comienza a moverse y encuentra un lugar más sabio y armonioso.
Y desde ahí, lentamente,
la vida puede volver a fluir hacia adelante. 💜
